TARTA DE QUESO CON HIGOS Y MIEL

Se dice que el higo era el fruto preferido de Platón y no es de extrañar, ya que es altamente nutritivo y delicioso y está presente en la gastronomía mediterránea desde hace más de 4.000 años conocida como la "fruta de los filósofos" y en algunas zonas de Sudamérica se conoce como "la flor de la mujer" o la "flor del placer sexual".
Se han descubierto higos fosilizados en el valle del Jordán que datan de 12.000 años antes de Cristo, al parecer estos alimentos se adelantaron en más de 1.000 años a los cereales. Rómulo y Remo, míticos fundadores de Roma, fueron amamantados por una loba como ya sabemos debajo de la sombra de una higuera e incluso Plinio Cecilio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo, botánico romano, decía que el higo era el árbol sagrado.


También en la India se le dió ese caracter sagrado, ya que  Siddharta Gautama (Buda) se encontraba debajo de la sombra de una higuera cuando tuvo la revelación que lo encaminaría a fundar el budismo. Buda lo tiene en su famoso balete representando la fuerza y la vida, ejes del mundo donde viven los genios, representando el conocimiento adquirido tras la meditación.


En Grecia, también eran conocidos y muy apreciados. En los Juegos Olímpicos, los atleras ganadores eran coronados con hojas de higo y como premio le daban este fruto para comer y reponer fuerzas. Esta planta en la Antigua Grecia era símbolo de honor y vigorosidad. También se encuentra presente en la mitología griega. Cuando se dió la guerra de los Titanes, Zeus perseguía a Gea y a su hijo Syzeus. Cuando estaba a punto de ser alcanzada, Gea se convirtió en higuera, pasando así desapercibida. Sobre este mito, la antigua ciudad de Sikea, que significa higo en griego antiguo, toma su nombre. Antiguos grabados griegos presentan también a la diosa Demeter (Diosa madre o Diosa de la Agricultura) sexuada con un higo cortado a la mitad. También cuando realizaban  la fiesta de Dyonisius (Baco), los guerreros portaban un falo tallado de madera de higo, mientras los jóvenes se adornaban con higos cortados en forma longitudinal.


En la Edad Media como el costo del azúcar era tan alto, los nobles para la fiesta de cuaresma asaban higos con una hoja de laurel. Esta receta tomaba el nombre de tailliz  de cuaresma, teniendo la consistencia de una especie de pudding. Cuando los españoles llegaron a Perú, Pizarro ordenó en 1532 que cada familia pudiera sembrar una higuera. Él fue el que sembró la primera en aquellas tierras. Todavía al recorrer las casas antiguas de Ayacucho, Huanuco, Lima o Trujillo se observa en su entrada una higuera. Los sacerdotes católicos que llegaban a estas tierras construían conventos y siempre sembraban una higuera. Por muchos pueblos perdidos de los Andes lo llamaban "El árbol de Dios". Se decía que este árbol ahuyentaban a los malos espíritus y atraía la fortuna.


En Bolivia se cuenta que el mítico guerrillero Ernesto Che Guevara murió un 8 de octubre de 1967 y fue asesinado sobre una peña en la que muchos afirman que apareció una higuera que sigue sembrada hasta nuestros días y es punto de peregrinación de muchos turistas. Esa quebrada era conocida antes como Yuro y hoy recibe el nombre de La Higuera.


Ya, en territorio nacional, concretamente  en Mallorca, los higos han sido uno de sus puntos fundamentales para su superviciencia, alimentar a la población y a los animales, pero, además, también formaba parte de un estatus. Este se medía por la cantidad de pan de higo que tenían las familias. A más pan de higo, más estatus social y viceversa. El pan de higo, que todavía se hace, está elaborado con los higos secos prensados con almendras en su interior, algunos también le  añadían semillas de hinojo. Como alimento era muy importante, pues en cualquier época del año era un alimento imprescindible como una fuente muy fuerte de calorías para poder afrontar los duros trabajos del campo.


Hoy os traigo una tarta fría, sin horno, de las que gusta hacer en verano, con una crema de queso sobre base de galleta crujiente, cubierta con mermelada de higos  casera y con higos frescos regados con miel. Suena bien, ¿verdad?. Os dejo la receta...

Para la base

17 galletas Digestive
75 gr mantequilla

Para el relleno

250 gr queso untar
200 ml nata para montar
150 ml leche
4 cdas azúcar
3 hojas de gelatina
1 cdta esencia vainilla

Para la mermelada de higos negros

1 kg higos
500 gr azúcar moreno
1/2 limón entero o el zumo de medio limón

Para decorar

Higos frescos
Miel

1. Empezamos haciendo la mermelada. Podemos hacerla el día anterior para que adquiera más consistencia. Ponemos en una cacerola los higos cortados por la mitad con piel, el azúcar y el medio limón cortado en dos trozos (no lleva agua). Los dejamos a fuego lento casi una hora removiendo de vez en cuando para que la fruta se vaya deshaciendo. Si queréis una mermelada más fina, cuando esté casi para retirarla pasarla por la batidora, si os gusta como a mí encontraros con trocitos, ya estará lista.

2. Cuando enfríe, la mermelada que no vayamos a usar se guarda en tarros de cristal esterilizados que habremos hervido previamente 20 minutos tanto el bote como la tapa. Dejamos unas horas los tarros boca abajo para evitar que se acumule aire.

3. Para la base trituramos la galletas y mezclamos con la mantequilla derretida. Volcamos en el molde formando la base y alisamos lo máximo posible con la base de un vaso. 

4. Mientras, hacemos el relleno o la metemos en el frigorífico durante media hora o la horneamos unos 5 minutos a 200º.

5. Para el relleno ponemos la gelatina en agua fría unos 5 minutos. Ponemos a calentar la leche y disolvemos la gelatina escurrida del agua en ella. Cuando ya esté disuelta, quitamos del fuego y reservamos.

6.  Montamos la nata con 2 cucharadas de azúcar y reservamos también.

7. En un bol batimos el queso con el azúcar restante y la esencia de vainilla. Añadimos la leche y mezclamos,  la nata montada también la añadimos y volvemos a mezclar con una espátula. Volcamos sobre el molde y dejamos cuajar en el frigorífico, al menos 4 horas.

8. A la hora de servir decoramos con una capa de nuestra deliciosa mermelada de higos casera que habíamos hecho, higos frescos cortados en cuartos y regamos con un hilo de miel.




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